El desarrollo de cualquier actividad laboral (mineros, dentistas, jugadores de fútbol o empleados de banca), cualquier profesión desempeñada durante muchas horas, día tras día, durante años, condiciona la forma de vida de la persona, la forma de sentarse, respirar, ver, oír y pensar. El trabajo diario va modelando al ser humano, le da satisfacciones pero también le somete al riesgo de sufrir determinadas afecciones.
Cuando un sanitario trata a un músico profesional como paciente, debería entender que estas circunstancias pueden tener que ver con la dolencia que refieren y no caer en el error de considerar que el músico tiene un trabajo cómodo, descansado y libre de las tensiones competitivas que sufren el resto de los ciudadanos no artistas. Es habitual que entre clases, ensayos y actuaciones, en ocasiones un músico dedica más de catorce horas al día a una actividad laboral desarrollada en una atmósfera de estrés similar a la del más agresivo ejecutivo.
La vida del músico se desarrolla bajo una serie de características particulares que pueden dar origen a una serie de “tecnopatías” particulares.
“Tecnopatía” es una palabra reciente que define los trastornos derivados de la actividad laboral. No se limita a los trastornos físicos derivados de una acción repetida miles de veces durante el estudio, se extiende también al ámbito de los psíquico. Se dice que para conseguir 20 o 30 notas musicales se necesitan 400 ó 600 actos motores, neuromúsculo-esqueléticos, pero también debe considerarse el trabajo incuantificable de áreas cerebrales, como la de la emotividad, distintas a las puramente responsables de la acción y sujetas igualmente a sobrecarga.
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(Extracto de la Programación del Conservatorio Superior de Música de Badajoz, Anatomía y Tecnopatías del Músico, Mª Del Rosario Mayoral Nuñez)
